Fresas sabor a Piña que no provocan alergias.
Rebobinemos unos siglos y vayamos a la Europa del siglo XV,
vaya, la gente come unas fresas…muy pequeñitas, son más ácidas y crecen en
zonas boscosas, es la Fragaria vesca, la fresa autóctona europea. ¿Dónde están
esos fresones enormes de Huelva? Pues en
el mismo sitio que los arándanos grandotes, en América. Y pronto empezaron a
desfilar hacia el Viejo continente.
Ya lo veis, hasta las fresas que comemos no son de aquí,
Europa siempre tuvo fresas y arándanos silvestres, y los comíamos, solo que
para llenar el estómago con ellos, se requería paciencia, todos eran diminutos,
pero muy sabrosos. Quien ha probado una fresa silvestre no la olvida, es cómo esa galleta que probaste en la infancia y ahora sale de nuevo al mercado más grande y con el mismo nombre...pero le falla el sabor.
Y llegaron las fresas grandes de América, tanto del norte,
como del sur, y el agricultor europeo, que había llegado incluso a cultivar las
diminutas silvestres, las abrazó como a un boleto premiado, ese fruto entraba
por la vista y te llenabas el estómago con muy pocas. Y si, estaban ricas, pero era...otro sabor.
Y claro, nos pusimos a traer distintas variedades a los
viveros a ver que se nos ocurría, y sin darnos cuenta, una fresa de
Norteamérica, Fragaria virginiana y otra de Sudamérica, la Fragaria chiloensis
se pusieron ojitos y de la polinización fortuita surgió una nueva criatura…y
sabía a piña. Había nacido la Fragaria x ananassa, y para ser más original que nadie,
daba fruta blanca.
Y eso sucedió en 1750, y aquello no trascendió demasiado, sin
una Red social esas curiosidades quedaban viveros adentro. Cuando a la fresa
blanca le preguntaban sus vecinas como llevaba la fama, ella respondía con la
humildad que la caracterizaba: bien, porque nunca llegué a ser famosa.
Y no mentía, pero unos granjeros holandeses decidieron
cambiar eso en 2003, volvieron a hibridarla a ver si conseguían mejorar su
tamaño (que era tirando a canija) y así trató de salir al mundo de nuevo.
Seguía sabiendo a piña, seguía blanca, y ahora era como los envases que
prometen un 20% más de producto, solo que esta vez, era verdad. Pero ni por
esas.
Tal vez la gente espera al probar una fresa que
efectivamente tenga sabor a fresa, o tal vez comamos con la mirada y las frutas
blancas nos parezcan insípidas a nuestra pupila.
El caso es que sigue sin ser muy conocida pese a los empeños
de algunos cultivadores, creo que deberían reestudiar su marketing y enfocarse
en un detalle, con la ausencia del pigmento rojo, desaparecen las proteínas que
dan alergia a muchas personas, así que la fresa/piña blanca es una opción para
ese nicho de mercado que ansía comer fresas sin que tenga que terminar en
urgencias por un shock anafiláctico.
¿Triunfará algún día la Fresa blanca? El tiempo, y la tenacidad de algún
empresario, lo dirá.
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