La planta de las segundas oportunidades.

El Argyroxiphium sandwicense puede que os suene a trabalenguas, pero que no cunda el pánico, aquí traigo varios nombres comunes que podéis recordar fácilmente si se os atasca el botánico: Ahinahina (significa “Muy gris” y es su nombre nativo en Hawai) Espada plateada o Planta de la paciencia. Y claro, tiene una historia que debe ser recordada para que la valoremos y tomemos consciencia de nuestra responsabilidad en este planeta.
Nuestra protagonista de hoy vive únicamente en una isla de Hawai, concretamente la de Maui, a alturas de más de 2100m junto a los volcanes, desafiando el frío, el sol directo y a las erupciones. Son lugares inhóspitos donde muchas plantas se rindieron y bajaron ladera abajo. No el Argyroxiphium, esta planta encontró la forma.
Primero multiplicó sus hojas hasta hacerse casi una “pelota”, las llenó de pelillos y de esta manera soportó mejor el frío, pero para calentarse dispone las hojas de manera que eleven la temperatura de la parte central hasta 20ºC, que es la temperatura ideal de crecimiento. Para ello ayuda que su hoja plateada refleje la luz solar de forma eficiente. Y así, lentamente, puede pasar 50 años formando esa roseta de hojas plateadas esperando el momento apropiado para crear un tallo floral de hasta 2 m de altura donde se distribuirán unas 40 flores verticalmente esperando polinizadores voladores como Hylaeus volcanicus, un mosquito de las alturas. Y necesita mezclar genes con otras flores, así que está en manos de ese mosquito…y de que existan otras flores cerca claro. Porque no hay segunda oportunidad, si ese tallo se rompe, o es atacado por otros bichos terrestres, esos 50 años no habrán servido para nada. Porque además, tras la floración…la planta muere inmediatamente.
Así que la evolución la enseño a volver pringoso el tallo con resinas, de esa manera, bichillo que trepa…se queda pegado, y listo. Flores a salvo.
A salvo de bichillos, no de humanos.
El turismo irrumpió en Hawai a mediados del S-XX, era costumbre subir a los volcanes de excursión a admirar los paisajes, y las pocas plantas que crecían ahí, plateadas ellas, brillantes y extrañas…llamaron mucho la atención. Para mal.
Se convirtió en motivo de diversión, arrancar las plantas esféricas y rodarlas por las pendientes rocosas, a ver cual llegaba más lejos. Otros, decidieron que esos tallos florales quedaban muy originales en el jarrón de su casa, y los últimos decidieron dar un toque exótico a sus jardines arrancando las plantas jóvenes y llevándolas a sus jardines. Por último, alguien tuvo la ocurrencia de llevar rebaños de cabras a alimentarse en ese lugar, y las cabras…lo muerden todo sin conocimiento.
El servicio de Parques nacionales que controla el volcán Haleakala solo consiguió frenar ese vandalismo poniendo cámaras de vigilancia y cercando el volcán para que no entraran las cabras.
Se ha protegido la flor, ahora se está recuperando in extremis y hay un futuro para ella. Aunque su flor no tenga una segunda oportunidad, ella la ha tenido, se la hemos dado nosotros después de protegerla…de nosotros. Siempre habrá quien llegue a un espacio natural y actúe de forma irresponsable, pero por suerte, cada vez somos más los que paseamos, observamos, admiramos y nos vamos sin tener la necesidad de dañar a otros seres vivos.
La Espada plateada, con paciencia para crear su flor perfecta, tiene una Segunda oportunidad. Toda la Naturaleza, tras nuestro destrozo del último siglo, debería tenerla también.

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