El árbol que ofreció “café” a los colonos.

El Gymmocladus dioicus es un coloso, un árbol capaz de provocarte dolor de cuello de tanto mirar hacia sus ramas preguntándote como puede ser tan recto, tan armonioso o tan bello.
Y es natural de Norteamérica, sus duras semillas eran comidas por mastodontes, parece ser que eran los únicos capaces de romper la cáscara exterior. Hasta que llegamos nosotros, si vemos algo encerrado con esmero, en seguida nos preguntaremos ¿Qué habrá dentro? Y claro, la abrimos, y vimos que la semilla era tóxica, pero tostada…recordaba al café. Y como eran tiempos en que las mercancías viajaban en carromato por caminos que apenas eran tales, los colonos espabilaron con lo que pillaban, así surgieron sucedáneos del azúcar, o del café. Y tan contentos. El árbol, que había sido alimento de mastodontes, pasó a llamarse “Cafetero de Kentucky”. En cuanto se extendió el ferrocarril y el comercio fluyó…se fueron olvidando del árbol y sus semillas, y los colonos se lanzaron al verdadero café como quien llega a un oasis después de una larga travesía y se bebe el agua a tragos. De hecho, EEUU es el país con más litros de consumo anual de café por persona del planeta.
También ayudó a olvidarse de aquel sucedáneo el hecho de que la toxicidad de sus semillas necesitara de al menos 3 horas de tostado, e incluso así, abusar de esa bebida podía llevar a tener problemillas de salud.
Pero no solo se empleó para elaborar café, sus semillas son tan duras que se empleaban como fichas en los juegos de azar, joyas o para relleno de sonajeros.
Su nombre botánico nos da una información curiosa, Gymmocladus se traduce en griego como “Rama desnuda” no es que no tenga hojas, es que su follaje no es muy denso, deja pasar mucha luz a través de su copa, y además, es de los últimos árboles en despertar del invierno, por esa razón los franceses le llamaban Chicot (árbol muerto). Pero no lo estaba, se hacía el dormido hasta asegurarse que la primavera era sincera con sus promesas y no llegaban heladas traicioneras.
Dato curioso, al igual que el Populus trémula, el árbol actúa como una "colonia clonal", lo explico, al ser dioico (su apellido recuerdo que es dioicus) hay machos y hembras, y han logrado aprender a clonarse a si mismos a través de sus raíces, puede existir un bosque entero de un mismo sexo y todos ellos... son el mismo ser. Normalmente lo hacen cuando no tienen una espécimen del sexo contrario cerca, de esta manera, extendiéndose, lo buscan metro a metro, algún día darán con el...o ella.
El caso es que, el “Coffe-tree” (así se le conoce en EEUU) sigue siendo un gran desconocido, de una belleza indudable pero que no acepta cualquier clima ni localización. No querrá ni sequía, ni terrenos inundados, ni heladas tardías ni alta montaña ni línea de costa, lo suyo son los valles fértiles y a salvo de disgustos, de esos hay tan pocos que tal vez sea ese el motivo de que solo se encuentre silvestre en algunas zonas concretas del centro de EEUU. Eso no quita que podamos disfrutar de su porte majestuoso en Europa, mismamente en el Real Jardín Botánico de Madrid crecen varios asombrosos. Otro motivo más para acercarse a ese asombroso lugar.
Y para terminar, seguro que os acordáis de que hubo un tiempo en que Asia y América estuvieron unidos, pues bien, podemos encontrar otros dos Coffeetrees en China y Birmania, y si, también elaboran “Café” con ellos, culturas muy lejanas llegaron a las mismas soluciones, eso nos habla de lo mucho que el ser humano ha observado y experimentado con el entorno en el pasado en cualquier cultura. Y son el Gymmocladus chinensis y el Gymmocladus burmanicus.
Observar, admirar, y aprender. Tres buenos consejos para la jardinería, y la vida.


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